De los otros creadores de cabritos en
fuga, llegó "guartinajas en fuga".
Para los que no conocen este animal, como
yo, la guartinaja, según wikipedia, es una especie de roedor histricomorfo de
la familia cuniculidae que vive en las proximidades de los cursos de agua de
los bosques tropicales. En algunas ocasiones he oído decir que este animal es,
inclusive, más rico que comer faisán.
Para los que no hemos comido aún, ni lo
uno, ni lo otro (espero no comer faisán porque está en vía de extinción); lo
cierto es que podemos coincidir en que la guartinaja pertenece a una muy buena
familia, los cuniculidae. Como cualquiera de las familias que son nativas de
nuestros pueblos. Por ejemplo, la suya, ¿de qué pueblo es?
La familia de uno de mis abuelos es de
Chinácota y en estos días tuve la oportunidad de visitar una de las
Instituciones Educativas de ese lindo Municipio y dialogar con jóvenes de
undécimo grado. Una de las preguntas que les hice fue: ¿cuál es su plan después
de graduarse?
Fue triste reconocer la desesperanza en
sus miradas. Hubo un vacío lleno de silencio que tuve que romper lanzando
preguntas abiertas: a quién le gusta la música, las tecnologías, matemáticas,
escribir, bailar, cocinar, dibujar; en fin, detectar diferentes fortalezas que,
con total seguridad, existen en cualquier salón de clase de nuestro Departamento.
Después de entrar en mayor grado de
confianza con los jóvenes; ellos reconocen que en su Municipio hay pocas
oportunidades para desarrollar un proyecto de vida.
Aunque en la mayoría de nuestros pueblos
la principal fuente de empleo es la Administración Municipal; también es cierto
que un grupo de personas nativas de nuestros pueblos han sido privilegiadas con
niveles de educación por encima del promedio de sus coterráneos y se encuentran
desarrollando su vida como profesionales o empresarios en ciudades capitales de
Colombia o, inclusive, ciudades capitales del mundo.
Hoy podemos contar no sólo, con la
primera; sino con la segunda generación de estos "paisanos" que
llevan en sus corazones y en su memoria los recuerdos de infancia y los cuentos
de familia vividos en sus pueblos. Aquellos momentos vividos en Gramalote,
Villa Caro, Cáchira, Chinácota, Teorama, Lourdes, Salazar, El Tarra, Tibú,
Sardinata (poner el nombre de su pueblo), o cualquier otro de los 39 municipios
que, además de Cúcuta, representan nuestro Norte de Santander y que nos hace
decir con orgullo a nuestros amigos y colegas de trabajo que nuestras raíces
vienen de ese pueblo en particular.
Al salir de ese salón de clases, fue
inevitable preguntarme: ¿qué se puede
hacer para ayudar a cambiar la forma de pensar de los jóvenes de nuestros
municipios?
Una propuesta, en borrador, para compartir con todos ustedes y susceptible a ser
mejorada es la creación de una gran encuentro o convención anual en cada
municipio. Espacio para que los jóvenes del pueblo se encuentren e intercambien
ideas con personas nativas del pueblo que representen modelos positivos a
seguir.
Y si no funciona, ¿qué es lo peor que
podría pasar? Que pase sin pena, ni gloria, como un evento más del pueblo. Pero
qué tal que sirva para inspirar y empoderar a los jóvenes en pro de la
transformación de sus territorios, a tejer redes y emprender proyectos con un
propósito claro, el desarrollo de la tierra que los vió nacer.
Así, todos podríamos degustar el exquisito
sabor de la “guartinaja”.

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